“TOCAR UN INSTRUMENTO: MEDICINA PARA LA MENTE, EL CUERPO Y EL ALMA”

No es que la habilidad de ejecutar un instrumento musical esté sobrevalorada, pero es importante saber que además de ser algo artístico, gratificante y emocionante, tiene importantes repercusiones positivas en el organismo.

El simple hecho de escuchar música hace que nuestro cerebro libere dopamina, un neurotransmisor que está directamente relacionado con la sensación de placer; de ahí que cuando escuchamos música que nos resulta agradable, disminuyen el estrés, la ansiedad, el ritmo cardiaco y evidentemente, el mal humor; por eso se ha atribuido a la música un efecto terapéutico; si partimos de esa premisa, podemos asumir que ejecutar un instrumento puede resultar aún más benéfico tanto para la mente como para el cuerpo, ya que mucha de las dolencias que llegamos a reportar, son meramente psicosomáticas.

Cuando alguien toca un instrumento no solo está escuchando música, sino que además pone en acción su mente y su cuerpo, de manera que esta práctica se convierte en un entrenamiento en múltiples sentidos; en particular, a nivel cerebral.

 

La educadora neuromusical Anita Collins ha ilustrado en un vídeo de TED, que “cada vez que un músico toca un instrumento se desatan fuegos artificiales en su cerebro”.

Y seguramente se estarán preguntando: ¿en qué consisten esos fuegos artificiales? y bueno, Collins explica que: “Cuando alguien escucha música, el cerebro separa los elementos que la componen (melodía, ritmo, armonía, etc.) y luego vuelve a unirlos para producir una experiencia musical integrada. Algo que sucede, desde luego, en brevísimas fracciones de segundo. Pero cuando la persona toca un instrumento, las áreas del cerebro involucradas son muchas más, y trabajan en secuencias sumamente complejas, interrelacionadas y asombrosamente rápidas”.

Por su parte, María Molina, neuróloga del Hospital Rey Juan Carlos de Madrid, nos cuenta cómo se benefician de las intervenciones musicales las personas que se encuentran en rehabilitación a causa de distintas enfermedades neurológicas, tanto de forma pasiva, es decir: simplemente escuchándola, como activa: o sea aprendiendo a tocar un instrumento; los efectos positivos sobre el cerebro se producen debido a que para poder tocar un instrumento, es necesaria una compleja integración de información multimodal: motora, sensitiva, visual y auditiva.

Ahora bien, un niño o un joven que aprende a tocar un instrumento, sin duda tendrá una mejor vejez, esto es el resultado de varios trabajos de investigación liderados por la investigadora Brenda Hanna-Pladdy, de la Universidad Emory, con sede en
Atlanta, Estados Unidos, que apuntan que interpretar instrumentos musicales tiene beneficios acumulativos y a largo plazo.

De acuerdo con estos estudios, hacer música reduce considerablemente y más que otras actividades, el riesgo de padecer problemas de memoria y de deterioro cognitivo en la etapa final de la vida. Esto obedece en parte a que algo que nos agrada es difícil olvidar.

En particular, en pruebas realizadas con personas mayores de 60 años, la memoria no verbal, el recuerdo de nombres y el desarrollo de procesos ejecutivos cerebrales fue mucho mejor en quienes habían tocado instrumentos al menos durante una década que en quienes no lo habían hecho. Las conclusiones de estos estudios fueron consideradas un “hallazgo emocionante” por parte de Hanna-Pladdy; la explicación radica en que “los altos niveles educativos pueden generar reservas que retrasarían la aparición de los síntomas de Alzheimer o el deterioro cognitivo”.
Además de todo lo anterior,

Además de todo lo anterior, el hecho de ejecutar un instrumento musical ayuda a eliminar ciertas actitudes negativas y sirve para desarrollar y/o fortalecer otras positivas, por ejemplo:

  1. Combate la ansiedad y el estrés.
  2. Eleva la autoestima.
  3. Ejercita la disciplina, la paciencia y la perseverancia.
  4. Alimenta y acrecienta la imaginación y la creatividad.

En definitiva, la música es recomendable para todos, sin importar la edad. Sus beneficios duran toda la vida y está comprobado que los niños que reciben entrenamiento musical desarrollarán en el futuro mejor memoria verbal, precisión en la pronunciación de un segundo idioma, capacidad de lectura y funciones ejecutivas, además de un mejor rendimiento académico y un coeficiente intelectual más alto.

La complicada situación que se vive actualmente debido a la pandemia y los aspectos relacionados como: el confinamiento, el distanciamiento social, etcétera, pueden ocasionar desánimo, depresión, tristeza e irritabilidad entre otras muchas emociones no tan sanas, por lo que dedicar tiempo a ejecutar un instrumento, podría ser una forma de invertir en tiempo en algo útil, relajante y hasta divertido para así contrarrestar estos efectos.

Tocar un instrumento supone, además, una gran motivación que exige compromiso, con todo lo bueno que ello implica, así que motivos hay de sobra para empezar desde cero a aprender a tocar algún instrumento (nunca es tarde), o para retomar esas clases que dejaste a medias, o bien, para desempolvar la guitarra o el teclado que tienes arrumbado en un rincón y que seguramente te traerá gratos recuerdos volver a tocar.